La universidad (y otros cuentos)

31 agosto, 2010 § Deja un comentario

Como muchos sabéis, aquí en Mumbai trabajo en la universidad dando clases de español. La jefa es una mujer de unos cuarenta y tantos años, resuelta y enérgica en su manera de hablar y de moverse. A veces lleva sari y a veces lleva suit, lo cual, según mi compañera de piso, es señal de modernidad. Parece ser que el sari lo llevan las mujeres mayores o casadas, o cualquier mujer en una ocasión especial; mientras que el suit lo suelen llevar las mujeres jóvenes, o las casadas de espíritu moderno. Por cierto, para los que, como me pasó a mí, os estéis imaginando el suit como el típico traje chaqueta, ahí va una foto:

Esto es un típico Indian suit, compuesto por un churidar, que es un pantalón ancho en la parte de los muslos y estrecho desde la rodilla hasta el tobillo; se lleva muy largo y arrugado en la parte final. La parte de arriba se llama kameez o kurta, y suele estar abierta por ambos costados. El pañuelo se llama dupata, y se lleva sobre los hombros, sin anudar, y con ambos extremos hacia atrás. Las mujeres pakistaníes lo suelen llevar sobre la cabeza; las mujeres musulmanas aquí en Mumbai llevan casi todas niqab negro, que es esta túnica larga con pañuelo que apenas sí deja ver los ojos.

Por lo demás, os presento al resto del departamento: en la oficina están la secretaria y el chico-para-todo. Ella no sé cuántos años tendrá, pero casi parece una niña, delicada como si se fuera a romper al más mínimo golpe. Siempre va descalza, cosa que hacen también muchos profesores y alumnos en la universidad y algunas personas por la calle, especialmente en las estaciones de tren. No deja de sorprenderme, porque los suelos, como casi todo, están verdaderamente sucios y plagados de charcos, insectos y escombros. Tanto que reivindicaba lo de ir descalza, y aquí, por lo menos de momento, se me están bajando los humos jipis y me sale la occidental que llevo dentro (y evidentemente fuera). No habla inglés, pero sí lo escribe y lo entiende. No hemos podido comunicarnos mucho, pero siempre me intenta ayudar y me sonríe: me da la sensación de que le caigo simpática. Él es un hombre mayor, de unos cincuenta años y aspecto muy campechano (el dress code para los hombres es bastante más relajado que para las mujeres). Lo mismo te rellena un impreso que te da una llave o te acompaña a algún sitio. Profes hay unas cuantas, pero por el momento sólo conozco a tres. Las conozco muy poco a las tres, pero las tres me dan buen rollo. Hay una joven, no creo que tenga muchos más años que yo, que el otro día se ofreció a acompañarme a una cafetería del barrio en la que no me querían servir chai por ir sola el otro día. Dice que si me dejo ver a menudo con gente india, pronto me atenderán (casi) igual que a los demás. Otra es un poco mayor, tendrá unos cuarenta años y es la más occidental de aspecto: lleva el pelo corto, vaqueros y camisa corta. Siguiendo la teoría de mi compi, debe de ser muy muy moderna. Ella fue quien me vino a buscar al aeropuerto. Eso sí, tuve que esperar un buen rato allí, sin saber muy bien si me habían abandonado a mi suerte, porque no se le ocurrió poner un cartel con mi nombre hasta cuarenta minutos después de haber llegado. Hubiera sido gracioso, porque no me habían dado ni un triste teléfono al que llamar en caso de que pasara cualquier cosa, ni tampoco la dirección de mi futura casa, a pesar de que les pedí ambas cosas repetidamente mientras estaba en España. La tercera parece un poquito mayor que las dos anteriores. El viernes se portó muy bien porque accedió a sentarse conmigo un rato y solventarme algunas dudas básicas que tenía sobre mis clases, empezando por: ¿dónde iban a ser? El hecho es que me habían asegurado que habría un aula abierta, pero cuando llegué a las 8:00 am a dar mi primera clase estaba todo cerrado a cal y canto con unos pesados candados llenos de herrumbre y telarañas, y no había ni krishnarrey para preguntarle; así que pasé un buen rato con los alumnos en el pasillo, hasta que llegó alguien y nos abrió una sala, de la que por cierto, tuvimos que salir forzosamente a la media hora, ya que otra profesora tenía clase allí, para ir a parar a una clase sin pizarra, elemento que era imprescindible para la actividad que tenía pensado hacer… Ante mi insistencia al respecto, han acabado´por darme la llave del aula sin pizarra. Algo es algo. En lugar de pizarra voy a utilizar la pantalla del ordenador y un cañón. “Nuevos soportes, viejas literaturas.”

En cuanto a la universidad en sí, el Campus de Vidyanagari es uno de los muchos que hay en Mumbai. Una sola universidad (sin contar con la Universidad de Mujeres, que no parece tener excesivo crédito entre las profesoras de mi departamento), pero muchas facultades en distintos lugares de la ciudad bastante alejados entre sí. El edificio es moderno, pero está hecho una penica: todo está muy sucio, muy viejo, y muy destartalado si lo miras con ojos occidentales. Para ir de una planta a otra hay un ascensor que más bien me parece una especie de montacargas primitivo, y casi siempre está estropeado. Las aulas en mi edificio son pequeñas la mayoría; eso sí, todas tienen ventiladores. También están bastante sucias y desordenadas. En los paneles de información los carteles que anuncian esta o aquella opening están ondulados como patatas matutano por la humedad. Pasa lo mismo con las hojas de los libros. No hay una secretaría central, ni conserjería; sólo las secretarías de cada departamento, que no abren antes de las 10:30, así que si necesitas algo antes de esa hora te aguantas.

Alumnos tengo muy muy pocos todavía; el caso es que no han publicitado en absoluto las clases de español, de hecho les habían dicho a los alumnos que no habría profesora este año, y a los de primero les han advertido de que ni se les ocurra coger francés y español a la vez, porque no se pueden aprender dos lenguas latinas al mismo tiempo. Hay que joderse. Estos días he ido pasando por las aulas para presentarme y reclutar alumnos. Y estoy tramando cómo hacer campaña a través de internet. El viernes conocí a los que aspiran a conseguir el Advanced Diploma y a los  part-timers de Diploma (los que no están haciendo una carrera, sino que se apuntan a asignaturas sueltas porque les apetece), que parece que se dan algo más de vida que los de Advanced. Vinieron a pedirme que les diera clase los domingos porque la mayoría trabajan entre semana y les viene mal el horario, pero los domingos son el día del señor que no trabaja y descansa.

Fotos, de momento, no he hecho muchas. Ya sabéis lo parras que soy con lo de documentar los momentos clave. Pero aquí de momento está justificado, porque estos primeros días necesitaba verlo todo primero con mis ojos directamente, sin más intermediarios. Iré haciendo uso del tercer ojo digital poco a poco. Sólo tengo este par de fotos que puedan deciros algo: son del Campus de Vidyanagari. Estos árboles (que se llaman peepal trees, no tengo ni idea de cómo se llamarán en español; ya investigaré) están por todas partes, y siempre pintados de blanco y rojo. El edificio es en el que doy clase, y el lago y los jardines están alrededor de mi casa. Las paradas de autobús son así en toda la ciudad, y los bancos que hay detrás llevan en una placa el nombre del eminente ciudadano que haya puesto la pasta para que estén ahí.

Para terminar por hoy, una anécdota del otro día en la secretaría del departamento: había un señor mayor sentado rellenando papeles y una chica joven a su lado. Me lo presentan como el eminente profesor del vecino departamento de inglés Fulanito de Tal. El buen hombre me da una tarjeta y me presenta a su hija, estudiante de primero, a la que estaba matriculando en Español. Me pide que cuide muy bien de su amada hija, que es muy especial y un tesoro para él. Le digo que descuide y él vuelve a sus papeles. Un par de minutos después le veo dudar sobre qué poner en una de las casillas del formulario queestaba rellenando. Levanta la cabeza y le pregunta a su hija: “¿Cuántos años tienes? ¿24?” Y la hija le responde: “No, tengo 19.”

¡Hasta pronto!

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